Al cultor Félix Vera Monsalve

Hace unos años, después de un largo viaje al pueblo de Tinaquillo, estado Cojedes, conocí al cultor Félix Vera Monsalve.

Primera Visita: Puertas abiertas 

Gracias a las referencias de Flor Perozo, estimada amiga de la cultura popular, mi hermano Yoember y yo realizamos la primera visita al Tinaquillo. Él nos esperaba como quien espera a sus amigos de siempre, después de un largo tiempo sin saber de ellos. Desde el principio, nos dio a conocer su don de conversador, así que fue muy fácil conectar. 

Félix nos abrió las puertas de su casa, de la Cofradía Sagrado Corazón de Jesús y de su Fundación Taller de Tradiciones Tinaquillo, un pequeño templo lleno de artesanía, devoción, misticismo y, sobre todo, saberes acerca de la cultura popular venezolana. 

En esa ocasión nos dedicamos exclusivamente a los diablos danzantes, llamados también “Diablitos de Tinaquillo”, a quienes tuvimos la oportunidad de acercarnos y confirmar que representan, como bien expresaba Félix, “una hermosa tradición llena de color, luz, movimiento y fuerza”. 

Nuestro nuevo amigo también nos dio entrada a su mundo personal, mágico y religioso; ese que seguramente convirtió en partícipe hasta al menos creyente.

En esa búsqueda por dejarnos una experiencia de valor, nos facilitó información muy interesante y yo, aprovechando al máximo la oportunidad, tomé nota de todo. Más allá de lo que pude haber escrito, al final la vivencia fue tan enriquecedora, que terminé olvidando la libreta -con todo y anotaciones- y dediqué el tiempo restante a disfrutar de toda esa sabiduría. 

Más tarde regresamos a Caracas con la promesa de volver.

 

Segunda Visita: amor y devoción 

La segunda visita fue en compañía de mi amigo Reynaldo. Se acercaba la fecha de Corpus Christi y, sin vacilar, decidimos irnos a Tinaquillo.

Fue emocionante conocer a todas las personas que, con mucho fervor, formaron parte de aquella trocha. Félix nos incluyó en los preparativos para la misma, permitiendo que, con respeto y agradecimiento, participáramos en un bonito y emotivo ritual que realizamos antes de salir a recorrer las calles del pueblo.

Escuchar la misa de Corpus Christi y ver a los diablos tendidos en el pasillo central de la iglesia como señal de rendición ante el Santísimo, fue una experiencia sublime.

Durante esta visita, sentimos la satisfacción de ver a Félix cumplir paso a paso todo lo que nos describió, cuidando cada detalle con dedicación, amor y devoción. 

Despedida fraternal

 

Ese día de Corpus Christi se cerró el pago de promesas del año y, más que culminar un ciclo, se inició otro, tanto para ellos, que ya proyectaban las próximas trochas, como para nosotros, que después de una despedida fraternal, regresamos a Caracas con una nueva experiencia y recargados de esa energía tan extraordinaria e inexplicable presente en las celebraciones tradicionales de nuestros pueblos.

 

¡Ah! Por cierto, Félix me hizo llegar una guía con toda la información. Sin duda un regalo que atesoro con mucho cariño.

 

Vayan estas palabras para honrar su memoria, entrega y aportes al quehacer cultural.

 

¡Descansa en paz Félix Vera Monsalve!

No Comments

Deja un comentario