Influencia de los medios en la cultura popular

La cultura es influenciada por diferentes factores o elementos, justamente esto le proporciona su carácter dinámico. Los medios de difusión / comunicación, con su participación activa, han incidido notablemente en la reconfiguración de la sociedad: las formas de reconocimiento, aproximación y vinculación se han modificado tan rápido y sutil que en ocasiones resulta hasta imperceptible.

“Vayan a Barlovento para que vean cómo se baila tambor” es uno de los comentarios que se observa al ingresar a YouTube y revisar un video de danza venezolana. Pero,  ¿cómo se baila o toca el tambor en Venezuela?, o siendo más específicos, como se plantea en la cita expuesta anteriormente, ¿de qué forma se baila tambor en Barlovento? Esta quizá ha sido la reflexión constante en torno a la proyección, enseñanza y aprendizaje de la cultura tradicional venezolana, pero quedarse solo en el baile (forma) para entender los procesos de configuración de las manifestaciones tradicionales, es desconocer la complejidad del proceso cultural. 


Desde lo interno de las comunidades, pocas veces se reconoce el poder transformador que han tenido los medios en sus expresiones tradicionales. Las celebraciones en la actualidad, en pequeña o gran medida, se han visto intervenidas por la dinámica global. El diálogo entre el presente y el pasado es constante y la incorporación de elementos estéticos, corporales, rítmicos, ideológicos (por lo general foráneos), después de pasar por un proceso de resistencia y aceptación por parte de los mismos hacedores culturales, dinamizan la expresión, la “hacen viva” e idónea para ser analizada.


Nuestras sociedades, en su mayoría, han contado con la intervención de distintos medios de comunicación, con la aparición del internet y las redes sociales la influencia ha sido mayor y los tiempos de apropiación y resemantización han disminuido; somos entes sociales, por ende, una persona transformada por algo que lee, ve o escucha tendrá un cambio individual que en corto, mediano o largo plazo influirá en su entorno. Existe una relación dialéctica entre el individuo y la sociedad. 


Creer en el dinamismo de la cultura no significa estar de acuerdo, y mucho menos aprobar el proceso voraz de transculturización promovido por los medios; es estar consciente de que la intervención mediática ha influido de forma determinante en la concepción, organización y la resignificación de algunos valores presentes en la sociedad, porque también existe una relación dialéctica entre los medios de comunicación y la cultura. Como lo expresa el comunicador social chileno Norton Robledo, en su artículo Comunicación y Cultura, los medios forman parte del aparato ideológico de una sociedad y difundirán valores que concuerdan ideológicamente con las clases dominantes. En este sentido, resulta preciso destacar que el espectáculo también está incluido dentro de esos medios transformadores de la cultura popular, y que la concepción de “diversidad” se torna abstracta desde el momento en que dichos medios potencian una forma única de reconocimiento y los ciudadanos las aceptan como verdades definitivas. 


Quizá esto sea uno de los más grandes peligros de los medios: estar en contacto con ellos pasivamente, sin cuestionamiento ni reflexión alguna, transforman los modos de actuar y relacionarse. Como lo expresa Marshall McLuhan en su texto La comprensión de los medios como las extensiones del hombre, “resulta casi imposible hacer esta separación”. Los medios representan una extensión del hombre e “influyen de forma directa en cómo pensamos, actuamos, y la forma en que percibimos el mundo”.


Dar respuesta, de forma objetiva, al impacto que tienen los medios dentro de la cultura popular resulta impreciso. Señalar puntualmente esas características, creencias, gestos, formas de organización, accesorios, entre otros, que se suman diariamente a las manifestaciones tradicionales en su expresión “tradicional” es casi imposible, sobre todo si se realiza desde una visión folclorista que solo busca legitimación, donde lo tradicional responderá a unos códigos específicos, preconcebidos y estereotipados. 


No todo es verdad, ni absoluto.

“Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” y “una imagen vale más que mil palabras” son las frases recurrentes dentro de los medios para ejemplificar claramente el poder que tienen. Cada una de ellas, llevadas a la práctica de forma sutil e inteligente, ha servido para promover e instaurar una forma de pensar en torno a la “venezolanidad”. 


La concepción de unicidad del venezolano tiene asidero en esa difusión sistemática de un solo modo de bailar, hablar, verse. La aparición diaria de personas en la televisión o el cine con características fenotípicas específicas, la difusión de chistes en torno a costumbres y formas de relacionarse de orientales o andinos, o la poca difusión de la música venezolana en las emisoras de radio han influido radicalmente en esa autopercepción. Si nos adentramos en el mundo danzario de Venezuela, específicamente desde la proyección, es inevitable pasar por alto a la “Bailarina del Pueblo” Yolanda Moreno y a la aparición de las danzas nacionalistas, descritas por Elías Pérez Borjas  “como un conjunto de ballet, destinado la expresión de algo nacional…”,  las cuales gracias a su impecable manejo coreográfico, estético, y a la poca visibilización de la diversidad cultural venezolana, se convirtieron en referencia para la danza del país. Sin embargo, al profundizar en la relación existente entre la puesta en escena presentada por las danzas nacionalistas, con las expresiones festivas que se realizan a lo largo y ancho del país, es evidente que no existe una matriz de sentido donde ambas expresiones se encuentren. 


El joropo llanero es una expresión tradicional de parejas tomadas, donde el hombre “tiene el control” de la pareja. La fuerza de los movimientos van hacia la tierra y las figuras de cortejo simbolizan las faenas del llano. Dentro de las representaciones nacionalistas, por lo general, se observa un baile de parejas sueltas y, la fuerza de los movimientos hacia la tierra y zapateos es suavizada por repetidos saltos. Claramente existen dos posiciones en cuanto al baile, una responde a una expresión festiva espontánea, signada por procesos geohistóricos, valores y creencias; y la otra a la creación artística a partir de algún elemento tradicional, pero que al ser proyectada y enunciada por los medios masivos y en diversos espectáculos como “El baile de Venezuela”, “Así se baila el joropo venezolano” o “Nuestro joropo recio”, se consolida, avala y reconoce como forma única de expresión, aún cuando es muy distinta la expresión tradicional. 


Con dicha puesta en escena se ha instaurado en el “imaginario colectivo” una forma de arreglarse, vestirse y moverse para bailar joropo. La percepción de diversos y múltiples desaparece por completo, la repetición de una visión que no es real se consolida como cierta.  “En la expresión artística, las bellas artes están percibidas como la norma y la expresión ideal de la cultura. Las artes plásticas, teatrales y la literatura se consideran una producción cultural por y para las mismas clases hegemónicas.” Afirma Robledo (2007). 


En contraparte, desde la década de los ochenta, con la aparición mediática y popularización de distintos grupos de proyección de la danza tradicional, la pasión por ver, aprender y conformar agrupaciones para difundir “la realidad musical y danzaria” del venezolano se intensificó. Se hizo evidente el reconocimiento de muchos hacedores con lo mostrado y la necesidad de formar parte. 


Omar Orozco, también conocido como “El Maestro de la Danza”, a través de  sus propuestas artísticas: Vasallos del Sol e Itanera, impuso una nueva forma de proyectar las expresiones danzarías desde una línea más parecida a la “manifestación originaria”, respetando la matriz de sentido, demandada por la realidad social, cultural y mediática de los años 90. El impacto obtenido  por dicha propuesta se debe a la conjugación de elementos propios de la escena como: La escenografía, el vestuario, la iluminación, la coreografía, entre otros, en un amalgamiento “casi natural” con el conocimiento ancestral, desde lo corporal hasta lo emocional resemantizado.


Esta nueva forma de presentar la danza significó la apertura del campo óptico como un país diverso, ratificó el reconocimiento de un pueblo que se expresa más allá de las danzas nacionalistas. Sin embargo, en su carácter masivo, dicha “verdad cultural” fue repetida tantas veces (al ser replicada por diferentes agrupaciones, las clases impartidas por los integrantes de la agrupación y las presentaciones constantes) que algunas comunidades, sobre todo las que hacen vida en las urbes, las asumieron como únicas y representaciones exactas de la tradición. 


En cada presentación, los artistas comparten su reinterpretación del entorno, y  el espectador se apropia de un fragmento de esa realidad, lo resignifica y reconstruye con sus vivencias propias; los elementos de la escena cautivan al espectador de una forma completamente diferente a la expresión tradicional y éste al repetirla, compartirla, o simplemente vivirla en su comunidad, lo hará con una mirada y quizá con una intención diferente. “La reconfiguración estética requerida para trasladar estas formas en espectáculos nacionales comparte muchos rasgos que pueden compararse con otras culturas” (Guss 2005)


Resulta llamativo el poder que tienen los medios, sobre todo cuando existe un proceso de identificación y reconocimiento con ellos. Cuando hay un vínculo emocional, donde se genera la creencia de “equidad”, diferenciar la realidad de la creación artística se dificulta. Creer que un fragmento de la proyección engloba todo el quehacer cultural, y multiplicarlo de este modo, como expresión estática, cegados por el virtuosismo del espectáculo, es repetir y consolidar una verdad que con el transcurrir del tiempo se convierte en mentira. 


En la actualidad la información se ha diversificado y el acceso a ella se ha posibilitado un poco más. A nivel cultural, las diferentes propuestas artísticas se han difundido y los cultores tradicionales (realizadores de la manifestación en su lugar de origen, que cuentan con reconocimiento de su comunidad) y los artistas (creadores a partir de las expresiones tradicionales) se han encontrado. Resulta oportuno afirmar que las propuestas artísticas difundidas a través de los medios cuentan con la participación de los cultores, quienes proyectan su fiesta en una fecha y un espacio distinto al que ocurre la manifestación de forma “natural” y de la cual ellos son garantes. Cuando esto ocurre, dichos cultores utilizan elementos y códigos propios del espectáculo, al representar sus expresiones tradicionales en lugares distintos a los de su origen. La expresión toma características diferentes y la forma de verse y reconocerse del cultor también cambia. Ocurre una resignificación de las tradiciones, el aval se modifica y nuevamente los medios refuerzan una forma de percepción única y se acortan los tiempos de los procesos interculturales. “Las representaciones culturales son dramatizaciones importantes que posibilitan a los participantes entender, criticar e inclusive cambiar el mundo en el cual viven” plantea Guss, y podría agregarse: teniendo un impacto en todo aquel que tenga la posibilidad de observar.  


¡Llegó el momento, toca asumir responsabilidades!

Las manifestaciones de raíz tradicional son sinónimo de inclusión, respeto, trabajo en equipo, celebración, organización, devoción, entre otros. Si bien es cierto que los medios de difusión masiva y el espectáculo han influido poco a poco en la resignificación de estas expresiones ancestrales, también lo es el hecho de que la conservación y transmisión de los valores de dichas comunidades garantizarán la  “permanencia” de las tradiciones, o mejor dicho, el cambio será menos abrupto. Satanizar a los medios sin reconocer la labor que tienen los miembros de las comunidades, es tan absurdo como negar que la radio, la prensa, las redes sociales, los espectáculos y la televisión han influenciado de forma directa nuestra forma de hablar, cantar, comunicarnos, relacionarnos y percibirnos. 


A lo largo de los años, pocos han sido los espacios para que la cultura popular tradicional sea difundida, sin embargo cada vez son más las plataformas para que sean los mismos cultores quienes hablen de su hacer. 


Reconocer que los medios han impactado nuestras sociedades positiva y negativamente es fundamental para avanzar en la consolidación de nuevas formas que hablen de nuestra organización, de las formas de bailar, trabajar, cantar, expresarnos. La poca y la mucha presencia de los medios han constituido lo que hoy somos como pueblo. Asistir a una fiesta de San Juan en Caracas es presenciar un recorrido por las diferentes formas de celebración que existen en el país, tal y como ocurre con los grupos de proyección. Las camisas de cuadros, los jeans, las botas vaqueras y los sombreros parecieran ser el uniforme característico para interpretar canciones del llano. Los cultores, aquellos creadores que mantienen y resisten con su tradición, integran agrupaciones artísticas y proyectan sus tradiciones, y las de otras localidades, en Venezuela y el mundo. 


Todo esto forma parte de nuestra cultura popular. Es el resultado de un proceso de dominación, sí, pero también de interculturalidad, no con el medio sino con nuestros similares. La crítica toma un papel importante, pero más aún lo es la autocrítica: ¿Qué consumimos? ¿Cómo lo que consumimos a nivel mediático influye en nuestro entorno? ¿Cómo los cultores alteran su manifestación al estar presente en los medios? ¿Se puede ser cultor y artista (mediáticamente) sin alterar la manifestación? 


No nos quedemos en la forma. La música y el baile son reflejo de un todo, y claro que los medios cada vez intervienen con más fuerza, pero el despertar de la  conciencia no consiste en solo llamar o reflexionar en torno al medio o al otro en la cultura popular, es importante tener claro el papel que juega cada quién en su preservación, estereotipación o transformación. 

Foto Portada: FCA para el artículo “Con danza y aplausos se le rindieron honores a la Maestra Yolanda Moreno” de albaciudad.org
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