No hay padre sin hijo ni hijo sin padre

Pasa en las películas, pasa en la vida real. El debate en invariable binomio: el bien y el mal, lo nuevo, lo viejo, lo bueno, lo insuficiente, lo puro o lo pagano, esa dicotomía presentada como bandos históricamente al ras uno del otro, línea al centro y lejos de la complementariedad.

La música no está exenta de esta dialéctica cuando se habla de lo tradicional y lo contemporáneo, hasta dónde es el límite de cada uno, cuándo y qué elementos los define, quién es quién, pues. Esto enfocado a veces desde una posible disputa por la legitimidad artística. Raro, pero pasa. Yo me puse a leer algo de Ortega y Gasset y un ensayo del músico y docente Carlos Costa para ilustrarme un poco, y me pareció interesante poder observar, desde sus ópticas, a estos aparentes territorios fronterizos, como fuerzas que están constantemente en simbiosis y que actúan en perfecta sincronía. 

Nacen, se lactan de su tiempo, dejan constancia de su paso y se transforman, como todo ser vivo, no sin antes oponer resistencia: eso sí, eso también. Entonces se dan esas cosas al mismo tiempo, estas fuerzas que coexisten desde siempre a veces en pugna, el empuje hacia la invención, lo nuevo, la alteración y la resistencia de lo ancestral que, aún sin proponérselo, deja su legado.

Para comentarles con más claridad lo que quisiera decir, me atrevo a reflexionar sobre una experiencia muy cercana. La agrupación Un Solo Pueblo, tuvo en sus inicios, digamos que una primera etapa, una férrea posición frente a la manera de proyectar la música tradicional venezolana, preocupándose escrupulosamente por la utilización de los instrumentos propios de cada género, la ejecución e interpretación de los mismos, muy apegados a como lo aprendieron y vivieron in situ. Cuidaban celosamente cada detalle que pudiera adulterar, por decirlo de alguna manera, el carácter de dichas expresiones. Ellos y ellas mismas cuentan que en algún momento les pareció irrespetuoso que la gente bailara desaforada con la música que ellos traían de sus trabajos de investigación y recopilación. ¡Hasta ese punto! En esta etapa también contaron con el acompañamiento metodológico de antropólogos, musicólogos, documentalistas, cineastas, entre otros.

Ese trabajo de fiel cuidado, además de ser el primer alimento que le da forma a la propuesta de la agrupación, sin duda dejó una huella tangible en numerosos discos, conciertos y material audiovisual que son fuente de consulta para otras generaciones y también ha dejado una huella intangible noblemente grabada en la identidad del pueblo venezolano. 

Para comentar un poco sobre la segunda etapa de la agrupación, permítanme comenzar  citando a  Ortega y Gasset:

«Lograr construir algo que no sea copia de lo natural y que, sin embargo, posea alguna sustancialidad, implica el don más sublime».

(La deshumanización del arte, J. Ortega y Gasset, https://es.slideshare.net/MatiasMorales5/ensayos-contemporneos)

Con ese ¨don de lo sublime¨, la agrupación Un Solo Pueblo fue desarrollando una sonoridad muy particular a la cual llegó, digo yo, cuando se desencadenaron varios procesos, o mejor dicho, cuando  sucedieron mil cosas susceptibles a transformar la idea original del grupo. El desarrollo de las aptitudes musicales de cada integrante, el florecimiento de la creatividad, la influencia de movimientos musicales en latinoamérica de la época, la cercanía con grandes arreglistas, músicos como Fernando Aponte, Gustavo Aranguren, Trino Medina, entre otros, que le aportaron elementos contemporáneos a esa inquietud musical; los medios de comunicación y, por supuesto, la receptividad del público, fueron algunos aspectos que posiblemente tienen que ver con la evolución musical de Un Solo Pueblo, en el desarrollo de una propuesta auténtica que tiene como base fundamental los ritmos y melodías de lo tradicional y, por otro lado, un juego libre con elementos de la modernidad. 

Esta segunda etapa de la agrupación también dejó una huella significativa para la música venezolana, pero al principio tuvo sus detractores. Encontró una resistencia que básicamente argumentaba, por ejemplo, que la parranda no se debía tocar con tumbadoras, ni bajo, ni piano y mucho menos con trompeta, saxo, trombón y pare de contar. Y así, en su momento, llovieron críticas a varias de esas innovaciones. Sin embargo, la proliferación de este formato, de la instrumentación, la puesta en escena, etc, se hizo indetenible y resultó una fórmula infalible para propagar por todo el territorio nacional y allende sus fronteras, géneros como parrandas, fulías, golpes de tambor, sangueos, guarañas, en fin. Se pudiera decir que lejos de restarle o desvalorizar la creación originaria, le aportó vigor, revitalizó y reimpulsó todo el acervo musical tradicional. 

Un solo pueblo

Qué sería de temas como Juan Bimbe (Vol. 20), para mi, una de las extraordinarias creaciones del grupo, con magistrales arreglos de Gustavo Aranguren que acompasan la fuerza de este golpe de tambor de Caraballeda, que se atreve a establecer un diálogo sonoro con los tambores y que además imprime un aire ceremonial a una letra maravillosa del poeta Jesús Rosas Marcano. 

Y lo que sucedió fue simple y complejo a la vez. El tiempo los engulló y devolvió, los engendró y parió nuevamente y, en cada parto, cada nueva creación artística, adquirió las particularidades de ese tiempo, padre e hijo a la vez. ¨No hay padre sin hijo, ni hijo sin padre aunque todos somos padre hijo, padres e hijos de nosotros mismos¨. 

(Tradición Vs contemporaneidad. https://www.carloscostamusic.com/blog/tradicion-vs-contemporaneidad).

Ese continuum que ha sido la historia de la música, nos revela que ninguna expresión niega la existencia e importancia de la otra, ambas son necesarias, ambas propias y ajenas, acertadas y erráticas, identitarias de un tiempo y un espacio. Me parece que es infructuoso establecer límites divisorios que excluyan un arte por sobre otro, sobrevalorar la innovación o aferrarse a la permanencia inmutable de la tradición, cuando lo que resulta más prolífero para la música y toda creación humana es la integración de estas fuerzas. 

Fotos: Tomadas de la página de Facebook de Un Solo Pueblo

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