Tradición y contemporaneidad

Mucho se ha dicho -y queda por decirse- sobre la relación entre la tradición y la contemporaneidad. Profundizar sobre los conceptos y estudios en el área, nos permitirá entender mejor algunos enunciados y cuestionarlos, quizás, para así generar otros y continuar ese repensar que se traduzca en acciones contundentes para la defensa de la identidad, de la tradición.

“¿Es realmente la tradición ajena a la contemporaneidad? ¿Lo contemporáneo no puede ser tradición? ¿Qué pasa con las tradiciones y su permanencia en el tiempo, con su realidad actual?” (El Bululú)

Llegan a mí estas interrogantes, junto con la invitación que realiza el incansable equipo de El Bululú, y se vienen muchas respuestas a mi mente, casi atropellándose entre sí. Es importante aclarar que nada de lo que se diga en la materia tendrá, en términos históricos, la última palabra; todo cuanto afirmemos estará necesariamente bajo el enfoque subjetivo de quien se encuentra viviendo el momento de manera protagónica. Sin embargo, son estas preguntas recurrentes, más en tiempos donde la era globalizada reduce la profundización sobre cualquier tópico. 

Es fundamental, en este repensar, esta autoevaluación, partir de la revisión de los conceptos que están en discusión y desde ahí, poder esbozar una conclusión con posibles respuestas a las interrogantes planteadas. No podemos hablar de tradición sin mencionar algo más grande, eso que determina todo el sistema de creencias, comportamientos, gustos, costumbres e incluso, movimientos históricos de los grupos humanos: la cultura. Sobre ella el diccionario de Historia de la Fundación Polar (2010) afirma:

“la cultura, como la vida humana, está sometida a procesos existenciales de conservación y deterioro, de explosión y de inercia, de renovación y decaimiento, de transformación y resurgencia. Persiste dinámica, maleable (…). Nada es inmutable en el existir cultural, salvo la existencia del fenómeno en sí”.

Es justo ahí, en ese todo, donde reposan las tradiciones de un grupo social. Estas se van a nutrir de los demás elementos que constituyen la cultura (política, religión, economía, entre un gran etcétera donde necesariamente debemos incluir la globalización, responsable además de cierta unificación de criterios culturales mundiales, que influyen, queramos o no, a las particularidades). 

Continúo armando las piezas del rompecabezas…

¿Qué es entonces la tradición? Muy a grandes rasgos, todos los que nos servimos de este espacio, sabemos lo que sociológicamente se ha dicho: es transmisión de conocimientos, costumbres, creencias y obras artísticas o de      pensamientos, a lo largo de varias generaciones. Yo agregaría que esta, además y como un producto cultural que es, suma de cada momento histórico un nuevo aporte. ¿Por qué? Porque al igual que la cultura, la tradición es de naturaleza cambiante. Aunque en la raíz permanezcan las bases fundacionales, ese pasado, donde también reposa nuestra identidad, si es respetado en la transmisión de conocimientos -bien sea de manera oral o en espacios formales de educación al servicio de la enseñanza de la cultura popular-, permanecerá en el tiempo. Daré dos ejemplos concretos para que esto no parezca una afirmación arbitraria. 

Por un lado, el antropólogo social y profesor de patrimonio de la Universidad de Extremadura, Javier Marcos Arévalo, en su trabajo de investigación La tradición, el patrimonio y la identidad (2011), muy sustentadamente afirma:

“La tradición es una construcción social que cambia temporalmente, de una generación a otra; y espacialmente, de un lugar a otro. Es decir, la tradición varía dentro de cada cultura, en el tiempo y según los grupos sociales; y entre las diferentes culturas.

La idea común que se tiene sobre la tradición es la que etimológicamente hace venir el término del latín “tradere”, del que derivaría tradición, es decir lo que viene transmitido del pasado; por extensión, el conjunto de conocimientos que cada generación entrega a la siguiente. Pero como veremos este significado originario está sufriendo diversas transformaciones. Si la tradición es la herencia colectiva, el legado del pasado, lo es también debido a su renovación en el presente. La tradición, de hecho, actualiza y renueva el pasado desde el presente. La tradición, para mantenerse vigente, y no quedarse anacrónica, se modifica al compás de la sociedad, pues representa la continuidad cultural.”

Sí, por más que varíen los conceptos entre investigadores, la tradición, como la cultura en sí, son maleables y deben serlo para garantizar su permanencia en el tiempo. Es importante entender que este proceso se da de manera orgánica, inconsciente, honesto. Por eso seguiré de inmediato con el otro ejemplo que es propiamente nuestra tradición venezolana, manifestada en danzas, alimentos y géneros musicales, todos muy noveles en términos históricos, y producto además de un inevitable proceso de adaptación y, justamente, de cambios, obra del permanente intercambio cultural que hemos vivido desde la voraz colonización y conquista, hasta nuestros tiempos. Así pues, aunque la esencia en el tiempo sea la misma, mucho ha cambiado el joropo desde sus inicios a finales del siglo XVIII, hasta la actualidad. También lo hizo el merengue, pues nuestro querido 5/8 vio su origen en los bailes de salón y a lo largo del tiempo ha seguido apareciendo y cumpliendo la función social correspondiente a la época en la que ha sido interpretado, sin dejar por esto de ser merengue. 

Una constante permanente de este cambio que ha permeado en nuestra tradición, es que desde el conocimiento de sus orígenes, sus protagonistas han puesto -seguramente sin proponérselo- los elementos foráneos de sus tiempos -que por la ubicación geográfica de Venezuela son inevitables-, al servicio de la misma. Por ejemplo, las recopilaciones del maestro Sojo y la Escuela Nacionalista de Música, tienen necesariamente la influencia directa del lenguaje que la academia (profundamente eurocentrista) les brindaba en esa época; lo tendrán también las obras corales que ellos valientemente cargaron de nuestra identidad, con poemas de autores nacionales y en algunos casos sobre géneros de la tradición venezolana -La Cantata Criolla es un hermoso estandarte de este proceso-. Otros ejemplos bellísimos son el trabajo de Luis Laguna, quien se vio inspirado por lo que estaba ocurriendo en Brasil; o lo que sucedió con las Voces Risueñas de Carayaca -que celebran su cumpleaños número 70-, quienes influenciadas por agrupaciones como Jesús, María y José -que a su vez tenían la referencia de lo que se estaba gestando en Caracas-, dieron a Carayaca una sonoridad particular navideña. 

Obviamente, en espacios donde ha habido menor influencia “ajena”, la tradición también ha vivido cambios, pero se expresan de una manera diferente. 

Voy ahora a la última pieza ¿juega en contra de la tradición la contemporaneidad? En términos históricos, la Edad Contemporánea va desde  finales del siglo XVIII o principios del XIX hasta la actualidad, sin embargo, no hay que ser investigador social para poder coincidir en el hecho de que han ocurrido suficientes cambios y contrastes históricos como para que en un futuro esta clasificación cambie. Tal y como yo lo veo, y partiendo de una definición más epistemológica de la palabra, la tradición es siempre una manifestación contemporánea, entendiendo esta -la contemporaneidad- como la realidad presente que percibe el individuo. Las categorías históricas sobre el pasado no son establecidas en el momento en el que se viven. Me explico, nunca nadie en la Edad Media europea dijo “nosotros hombres de la edad media”, ni con el Renacimiento o en la Antigüedad. Esta es la razón por la que defiendo con firmeza que la contemporaneidad en sí misma no atenta contra la tradición, ni los cambios implícitos en el movimiento histórico de la cultura. 

A pesar de todo lo anteriormente mencionado, en la actualidad existe un riesgo latente de pérdida de las bases fundamentales de la tradición, que básicamente reposan en el conocimiento veraz del pasado, un elemento indispensable en el fomento de la identidad nacional y de la unidad étnica de un pueblo. Nuestro reto más grande como creadores y como ciudadanos es defender, exigir y procurar iniciativas que aún en medio del contexto globalizado, generen una infraestructura educativa sólida de fomento de este pasado implícito y explícito de la tradición. Esto puede traducirse, por ejemplo, en espacios como este, que colocan la tecnología al servicio de temas que no hubiésemos imaginado antes metidos en el universo web. Requiere una inversión importante de todos los actores sociales (públicos y privados), la difusión amorosa de nuestro legado histórico de todas las maneras posibles (las tradicionales y las que traen estos nuevos tiempos). Lejos de hacer guerra con lo que la dinámica mundial ha establecido, seguir el ejemplo de nuestros antepasados, fundamentar las bases para que el conocimiento histórico de nuestra tradición sea tan sólido, que todo lo nuevo juegue al servicio de su  perdurabilidad, es ahí y justo ahí donde reposa, para mí el verdadero trabajo de resistencia. 

Fuentes consultadas

ARÉVALO, Javier M. La tradición, el patrimonio y la identidad. Revista de Estudios Extremeños.Vol 60, nro 3  (2004): 925-956

Cultura. (2011). En el diccionario de Historia de Venezuela. (2da ed.) Caracas, Venezuela: Fundación Polar

VARGAS, Iraida y Mario Sanoja. (2013). Historia, identidad y poder. Caracas, Venezuela. Edit Galac

Referencias web

ARÓSTEGUI S, Julio. La contemporaneidad, época y categoría histórica. Revistas Mélanges de Casa de Velázquez. Vol 36-1 (2006): 107-130. Tomado de https://journals.openedition.org/mcv/2338?lang=pt

Contemporáneo. (2020). Diccionario de la lengua española. (23ra ed.). Tomado de https://dle.rae.es/contemporáneo?m=form

No Comments

Deja un comentario