Tradiciones: ¿Una proyección del presente o una estampa del pasado?

¿Conectar lo tradicional y lo contemporáneo? ¿Están desconectados? Si entendemos como contemporáneo el tiempo actual, o lo que sucede en una época vigente, es difícil responder esa pregunta, pues al formularla se da por sentado que son dos extremos, que se encuentran separados el uno del otro.

En Venezuela, la mayoría de las tradiciones se mantienen vivas, es decir, se realizan en el tiempo actual, por lo tanto están en constante crecimiento y transformación, algunas veces es imperceptible y otras no tanto. Esto sucede porque los hacedores de cultura se encuentran vivos (valga el sarcasmo) y responden a la realidad y tiempo en el que se desarrollan. Bajo esta premisa, imaginamos que quienes afirman que lo tradicional no es contemporáneo ven las tradiciones a través de binoculares, libros o películas viejas.

Las personas que hacen vida en el mundo de la cultura popular tradicional, pueden darse cuenta de que las dinámicas del ritmo en el que se desarrollan las tradiciones actualmente, no son iguales a las de su infancia; algunos lo señalan entre lamentos nostálgicos y, año tras año, hacen lo posible por regresar a ese pasado, sin reconocer que el mismo no era igual al de los ancianos de su juventud, quienes para ese momento luchaban por mantener el ritmo anterior. Sucede con las formas de cocinar, con los sabores, los sonidos, telas, diseños y la ejecución de pasos.

Proyectar la tradición

Mostrar en escena extractos de las tradiciones ha sido la labor de los grupos de proyección, los cuales se han encargado de revelar al país -y al mundo- la rica diversidad cultural que tenemos. Pero una cosa es entender que las tradiciones son contemporáneas porque continúan vigentes, y otra es lograr mostrarlas de esta forma en un escenario, pues muchas son las experiencias de proyección que han insistido en presentarlas como cosa del pasado, recalcando la creencia de que la tradición no es un hecho contemporáneo.

Desde principios de los años 90, el conocido investigador y coreógrafo Omar Orozco, utilizó un lenguaje novedoso para mostrar las tradiciones, diferenciándose de otros grupos que las presentaban como tal y como sucedían décadas atrás. Él decodificaba las danzas tradicionales y las mezclaba con elementos coreográficos, de vestuario, maquillaje e iluminación imponiendo una novedosa forma de proyección. Con el tiempo, otras agrupaciones con formas diferentes de mostrarse en escena, fueron adoptando las dinámicas que proponía Orozco. 

De esta manera, y por ser -en apariencia- la única forma de representar las manifestaciones tradicionales, se asumieron esquemas, pasos y vestuarios como tradición, por quienes aprendieron sobre ellas viéndolas por televisión, internet o en un salón de clases con el alumno del alumno, del alumno… Es así como las figuras coreográficas del tambor de Aragua y el sangueo se popularizaron, también el careo del tambor de San Millán, y los cambios bruscos y complejos en la gaita de tambora. Bailar tambor con pantalón dejó de ser un escándalo para ser lo habitual, y el seis del tamunangue realizado por doce personas se hizo tan común que se observó años después en un grupo del estado Lara.

La necesidad de un artista es buscar adentro lo que hace falta afuera y mostrarlo; revolver, conseguir respuestas: ¿Cómo la tradición se proyecta desde la contemporaneidad? ¿Qué motiva esas respuestas en los artistas? Si continuamos hablando de la proyección desde la contemporaneidad, podemos seguir tomando como ejemplo a Omar Orozco, quien no se ancló a su mismo esquema, pues ya no era novedoso para él: necesitaba más, requería superarse a sí mismo. Para el 2015 presentó La Fiesta del Joropo Central, una puesta en escena que conceptualmente ponía a dialogar las diferentes formas de ver el joropo en la proyección y ratificaba claramente su visión contemporánea del quehacer cultural. 

No solo se presentaron cultores de esta fiesta y su manera de vivir el joropo, también se presentaron exponentes que mostraron la tradición con instrumentos y cantos “poco convencionales”, en compañía de bailarines con vestuarios diversos, quienes adaptaron la forma de bailar y los desplazamientos a cada propuesta sonora. Vale acotar que la respuesta de algunos de los grupos que coexistían para ese momento, fue de rechazo, pues consideraban que había una sola forma de hacerlo, con unos trajes obligatorios (vestidos floreados largos) en escena. Lo vieron bajo la mirada estereotipada de la tradición.

Tambor de Caraballeda, La Batalla y Seis Figureao

El tambor de Caraballeda, La Batalla y el Seis Figureao fueron de esas expresiones tradicionales que se presentaron de forma irreverente en las agrupaciones lideradas por Orozco. Para el año 2000 habían presentado una batalla con cambios de tiempo que simulaba una pelea entre dos bandos, los cuales se mantenían en enfrentamiento distante para concluir en una pelea cuerpo a cuerpo. En este mismo período creativo se estrenó un seis figureao con doce personas, haciendo figuras complejas y de diferentes velocidades. En el 2008 presentaron una coreografía de tambor de Caraballeda con cambios de tiempo y espacio, con vestuarios deportivos, algo muy diferente a lo que se acostumbraba a representar en escena. Para el último montaje dirigido por el Maestro, Somos Puente, estas fueron bases importantes que se desarrollaron en una misma historia.

Somos Puente: La tradición más presente que nunca

Una cosa es comprender que la tradición está vigente y otra poder mostrarlo en escena. Esto no sucede de una manera simple, porque la “musa” llega después de un proceso de estudio, experimentación, conceptualización y reconceptualización del arte que se pretende trabajar.

Somos Puente, montaje que fusionaba dos tipos de danza: tradicional y contemporánea, fue un ejercicio de reafirmación de que la tradición es contemporánea, y que toma poderosas dimensiones cuando se proyecta desde el entendimiento de los conceptos. Como su nombre lo describe, representa la unión de dos formas de ver la proyección, desde los estereotipos (tradición vieja) y desde la actualidad.

Materializar este proyecto no hubiese sido posible de no haber pasado por todas las experiencias anteriores en cuanto a montaje, vestuario e historia. El proyecto, que dio los primeros pasos (conceptualización y montaje coreográfico) de la mano de Orozco – quien por su partida física unos meses antes no pudo concluir el proyecto-, no hubiese sido posible sin la comprensión de una tradición que es contemporánea, pero que debe dejar de ser pensada como parte del pasado.

Para el grupo de proyección Ensayo Colectivo, fue un reto sobreponerse a la pérdida de su Maestro mientras materializaba una obra a mitad de camino, pero aún pasando por todas las etapas que conlleva un duelo -negación,  rabia y aceptación-, se mantuvieron firmes y unidos, logrando dar sentido al nombre que los originó. Bajo la nueva dirección de Arianne Velis, los bailarines experimentaron y consolidaron un montaje de forma colectiva, que partía de la corporeidad tradicional.

La danza contemporánea estuvo a cargo del grupo Mudanza, dirigido por Reinaldo Mijares, quienes para ese momento fusionaron armónicamente su quehacer danzario con la sonoridad tradicional, creando un diálogo fluido en dos visiones del mundo que parecen negarse, pero al final tienen muchos puntos de encuentro.

Dichas propuestas, trabajadas en un laboratorio creativo, contaban con la dirección teatral de Oswaldo Maccio, y la producción general de Fundación Bigott, consolidando un montaje que irrumpió hasta en la visión del escenario asumida durante décadas.

Después de hacer un breve recorrido por la historia de la proyección danzaria en Venezuela, podemos ver que las tradiciones, para ser tradiciones, necesitan permanecer vivas, pero, ¿la proyección entiende esto? Quienes aprenden a través de un grupo de proyección congelado en el tiempo y no a través de una fiesta tradicional, son propensos a creer que dichas manifestaciones culturales son parte del pasado, por lo tanto, están condenados a repetir esquemas año tras año.

Fotos: Ana González

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