Quilembe, cuándo salirá

Me enamoró sin premeditación. Prendió una chispa que, luego fuego, quedó encendida para siempre en mi pecho. Lo reconocí a pesar de no haberlo escuchado antes. Me erizó la piel y me unió a ese tumulto de voceadores del “Mándalo a llamá puej”.

El golpe de tambor de Guatire –redoblante con curbatica y cruzao–, resuena con fervor cada 24 de junio en honor al Bautista, el único santo al que la iglesia católica le celebra su nacimiento y le conmemora su martirio; aquel que bautizó a su primo y fue bautizado por él, el que se convierte en hombre, bebe y baila con los negros, el que purifica con agua y fuego, el que “toʼ lo tiene y toʼ lo da”.

Les voy a contar por qué, caminando al son del redoblante, cantando El hombre no má, descubrí uno de los sentidos de mi existencia.

 

EL COQUETEO

Me habían hablado de él, mientras me asignaban la tarea: debía ir a verle.

Corría el año 2005, cuando desde Caracas, mi ciudad natal, salí entusiasmada vía Guatire, estado Miranda, sin saber que conocería a uno de mis grandes amores. Luego de unos 90 minutos, a las 10:30 am, ya estaba en el pueblo, aterrizando en la iglesia Santa Cruz de Pacairigüa, en compañía de amigos bailadores.

El bullicio, la algarabía, los músicos reunidos frente a la iglesia, me indicaron que allí era la cosa. Como era mi primera vez, no sabía por dónde empezar, qué ver, qué escuchar; así que decidí presenciar la misa. La iglesia estaba tan repleta que tuve que oírla desde afuera, amuñuñada con otro gentío.

Concluída la eucaristía, el párroco fue llamando a cada parrandero. El encargado debía levantar su santo del altar, para llevarlo por el pasillo hasta alcanzar la puerta de la iglesia. Mientras se acercaba esa primera imagen se armó la primera danza: una mujer se desplaza hacia adelante y hacia atrás frente al santo, luego desde atrás la sustituye una mujer nueva. La imagen bailaba de un lado a otro como si se gobernara. Hay pañuelos rojos  agitados en el aire y una voz femenina llama diciendo: Ay cuándo salirá yayo Juanicó, y responde un desesperado coro: Quilembe, cuándo salirá. Ya en la puerta, el golpeteo del redoblante indicó un cambio de tonada: Ay Mariandé ay Juambimbé.

 

PRIMERA CITA

A las 12 reventó la iglesia. Desde el bullicio noté que cada santo era esperado por sus músicos. Se trata de tres hombres: el primero con un tambor al cuello, el redoblante, que sustituyó al tradicional culo eʼ puya llamado “macho”, por ir cómodamente guindando, lo que facilita su ejecución mientras se camina. A éste lo acompañaban la curbata y el cruzao, que son también tambores culo eʼ puya, los mismos que se usan en el tambor redondo. Mariandé y Juambimbé, fue la segunda danza en presentarse. El santo llegó en brazos del hombre que lo trajo desde el altar y una mujer con un niño, también en brazos, entró a la minúscula rueda. Entre los 4 conformaron el baile: de frente marcan dos pulsos en el lugar y seguidamente halan sus cuerpos hacia atrás para intercambiarse, y luego ser sustituidos por otros dos bailadores que, con arrebato, entran al pequeño espacio.

Otro parrandero se asomaba por el pasillo mientras se repetía el llamado de la mujer  mezclado con el coro: Quilembe, cuándo salirá… Mientras un nuevo santo en la escena  encendía el: Ay Mariandé, ay Juan Bimbé, y en la danza circular, redondo de lado, se sustituían las mujeres con niños en brazos ofreciendo al santo esa tonada como pago de promesas.  

Video: Canal de Youtube de SeBailaDTVzlana.

EL PRIMER BESO

Muchísimas parrandas salieron antes de llegar la “Ñeta”, yo la esperé, como recomendó mi profesor.

A pesar de que a fines del siglo XVIII se prohibieron definitivamente las danzas africanas traídas a América durante la conquista, en lo que hoy llamamos el interior del país continuaron resonando los tambores de San Juan, por ser pueblos alejados de la capital. En Guatire hay y siguen emergiendo Parrandas. Entre las más antiguas y populares tenemos la de “Ñeta”,  la de “Sixto”, la de “Paula Pérez”,  la de “Lucio”, la de “Tony” y un bojote más.

Al fin venía la mía desplazándose por el pasillo, vestida de color araguaney y rebosante de alegría. Vibró una nueva polifonía de voces con palmas acompasadas y una voz afinaíta: Ay lo oh lo lo ló, anunciaban el cambio de tonada y se preparaba la danza en parejas, mientras la manoseada imagen en su nicho adornado con flores, se turna.   

La fe se alistó para abandonar el templo por el costado izquierdo, pasear las calles y estacionarse en las casas de los promeseros, unos en búsqueda de un milagro, otros pagando lo prometido y el resto solo ejerce el derecho a la juerga del alma y el cuerpo.

San Juan salió del tumulto y tras él todos visitamos las casas de los feligreses. 

 

EL ROMANCE

Iniciamos el recorrido; las bebidas espirituosas rodaban de mano en mano y con la algarabía, un sofocón con sabor a 40º producía sudores a chorros. La marcha estaba encabezada por el redoblante y la solista en comunión; el tambor iba zumbando con fuerza mientras era golpeado por la baqueta y la mujer derramaba versos que el coro respondía: El hombre no má. Luego hizo su entrada: Tamboréamelo puej, cantos de calle que solo se usan para el recorrido, pero no se bailan. De vez en cuando hubo paradas con vasos rotando y cuerpos agitándose.

A kilómetros retumbaban los parches que anuncian su llegada. Los “promeseros” se preparaban para recibir a los parranderos en casa. En la primera parada se escuchó un canto de promesa en coro: Ay Mariandé, ay Juan Bimbé. Muchos entraban y otros solo observaban desde la entrada, mientras el resto tomaba la calle. Estalló entonces una voz femenina: Yo vine a agarrá La lengua / un ratico nada máj / porque tengo una promesa / que le debo a mi San Juan. Al estar detenidos, la curbata y el cruzao tomaron fuerza, se armó la triada y se puso más sabroso el toque. La cantadora se lucía: Vamos a cambiá La lengua, y los bailadores tomaban espacio, mientras el redoblante aceleraba su galope. Empezó la Palma sola, y los presentes armaron un túnel agrupados en columnas laterales. San Juan, posado en el altar, mira la “danza corría” de un bailador que le entregaba su corazón desplazándose hacia atrás y hacia adelante frente a él. Entonces se alargó el canto Aeeéééeéeee, poniendo a girar bailadores con fuerza sobre su eje. Ella, la mujer que tiene La lengua, lanza el Corozo, se arman las parejas y la primera coge espacio: así empieza el redondo de frente. El pulso es marcado visiblemente por los pies; el torso de ambos acompaña con las manos en la cintura. Él galantea y ambos giran de vez en cuando. Las caderas son cadenciosas y menos potentes que en la costa central, mientras los pies casi no se separan del piso.  

Corooooozoo ay corooozoo no má, y se aceleran las palmas, chiflidos, algarabía. Todos parecen sincronizarse para vibrar unos segundos en el mismo rango.

Son más de cuarenta tonadas con formas de bailes súper diversos y está presente la huella de África en las voces que corean: Amasé biumbembe cumbelé. Quili quili-tú manto tulé. Piré piré bailé. E lutangué e’ yayo. Oh Oya. Tambú y Támbulo yayá, son acentos guturales y fonemas que nos recuerdan la presencia imborrable de los africanos, como la sustitución de “mar” por “mal” y “verdad” por “veldad”, que en lingüística se llaman “rotasismo” y “lambasismo”.

LA CONSUMACIÓN

Finalmente llegamos a la casa sindical, en la que, no por ser más amplia, hacía menos calor. Desde un rincón presenciamos bulla, sudor, olor de multitud, delirio, frenesí. Todos comenzamos a entrar en una especie de trance: sonidos agudos de cueros, gargantas masculinas y femeninas rotándose el canto. Hasta San Juan se embriagó. Danza cadenciosa, cinturas prietas al son de la curbata. Es el momento en que las parejas muestran la mayor destreza de sus movimientos, concentrando la atención en los pies, con cambios repentinos de una tonada a otra.

Efervescencia: frente a mí, las “troyas” y los túneles se arman y se desarman. El sonido del redoblante les pide danzar de una u otra manera. Bambas, corríos y redondos, tres tipos de baile presentes en la celebración. Decenas de tonadas me llevan directo a África en una conexión instantánea con piel de gallina, mientras disfruto a ojos cerrados de sonidos familiares como de siempre y mis músculos y huesos marcan el pulso de lo que creí desconocer hasta ese momento. Es un hecho: me siento poderosamente atraída. Los coros brotan de mi garganta y un hilo conduce mis palpitaciones hacia el tambor.

En la troya un par de cuerpos parecen flotar, juegan a pescozadas: él trata de agarrarla y viceversa, respondiendo al canto: Esta noche me lo’. Y responde el coro: Lleeevo. Al cambio de tonada dice la solista: Ay tóooo to, y responde el coro: Fueeeera. Es La perra, una danza un poco más agresiva y veloz donde la mujer busca tumbar al hombre con toda su humanidad, pero él no se deja. Allí están jugando, mirándose, cómplices y competidores. Nadie quiere perder, pero él cae y ella queda invicta y lista para lidiar con otro.

Un hombre toma la lengua: ¡Ay novillo!, y el coro dice: ¡Caraván!. En la troya, una mujer lleva los dedos índices a los lados de su cabeza asemejando unos cuernos y trata de cachear al hombre quien lo evita a toda costa. Cambia el canto otra vez: Amasé biumbembe cumbelé, y el coro responde: Gaviléeee Felipé, tonada ejecutada en la danza de dos formas simultáneamente: redondo de lado y de frente. Los redondos predominan en las danzas guatireñas y muchos de ellos llevan nombre de animal.  

Otra voz joven toma el mando: Allá viene el Pato, viene de Caracas y en la carretera, perdió la petaca,  y responde el coro: Ay que lele, Ay que le le ja ja, Ay que lelée Ay que laaaa. El redoblante descansa del galope y al instante una pareja se agarra cual joropo, sus pies marcan el pulso del tambor; él guía la danza y ella obedece.

Sonó “Tres golpes no más”, se levanta el santo y se despide la parranda.

 

EL VÍNCULO

San Juan convocó como cada 24 de junio. Acudí a presenciarle en el tumulto, la rochela, el gozo, la alegría, la vida como un argumento completo, incluyendo la devoción en la que muchos entregan su fe al mismo santo que otrora, representó para los esclavizados un vehículo secreto de conexión con sus verdaderas deidades: los dioses de la fertilidad, la libertad, el fuego y el trueno. Hoy en día algunos pagan promesa ofreciendo alimentos a los parranderos que visitan su casa para bendecirla, otros piden salud y están los que buscan la alegría constante, las ganas de vivir, la risa y el gozo a través de esta fiesta que entrevera nuestras raíces y revela el orgullo de la presencia africana sincretizada con la herencia católica; aquellos para quienes tocar y bailar tambor es reconocerse como parte de un rito en el que cada quien busca conectar con uno o varios elementos: santo, rezo, canto, tambor, danza, aguardiente, jolgorio. Más que la devoción hacia San Juan, es la devoción hacia lo que somos y precisamente, también somos San Juan.

Fue la primera vez que realicé una investigación. Llevé una libretica para anotar y los sentidos abiertos para explorar.

Finalmente entró la tarde y me fui de la fiesta, pero la fiesta nunca se fue de mí.

Fotos: Facebook Agrupación Tradiciones de Venezuela

13 Comments
Sergio Ortiz
12 septiembre 2020 6:21 pm

Leerte es estar en esa gran celebración de cúmulos de acción en conocimiento por ser como una CARTILLA para iniciarse en la lectura. Gracias. Si lo acompañas con audiovisuales más rico aún , cosa que no es en esta entrega. Feliz de haber asistido a esta fiesta. Un abrazo.

Yoxelin Rivas Blanco
13 septiembre 2020 3:10 pm

Esa era la idea, que fueses a la fiesta. Besos.

Sergio Ortiz
12 septiembre 2020 6:26 pm

Gracias por llevarme a la fiesta de San Juan. Es un hermoso y claro regalo en letras vi énviales.

Elia Diaz
12 septiembre 2020 7:20 pm

Excelente investigación, cómo Sanjuanera de Guatire y maestra de danza tradicional, te felicito. Me trasladastes a la festividad de San Juan Bautista, con esta narración donde plasmas lo vivido, tal cual sucede cada año en este hermoso pueblo de Guatire, Municipio Zamora, donde pago promesa año trás año. Felicitaciones!!

Yoxelin Rivas Blanco
13 septiembre 2020 3:12 pm

Muchas gracias maestra Elia, un honor para mi recibir su comentario. Qué bonito que se haya trasladado a ese lugar que usted bien conoce, un abrazo.

Wilfredo
13 septiembre 2020 9:08 am

Muy interesante este escrito, lo disfruté de principio a fin, viví leyendo tu experiencia como si estuviese en Guatire contigo ese día, me encantó leerlo mil gracias. Dios te bendice

Yoxelin Rivas Blanco
13 septiembre 2020 3:13 pm

Qué bueno mi querido, amén a tus bendiciones. Abrazo.

Jesús Grimón
13 septiembre 2020 11:50 am

¡Genial! Por momentos sentí ese picor en los pies y redoble en el corazón. Gracias por ese matiz de emociones. ¡Me gustó el toque romántico!

Yoxelin Rivas Blanco
13 septiembre 2020 3:14 pm

Gracias Jesús, ese picor en los pies se nos manifiesta aún más cuando estamos lejos de nuestra tierra, cosas que a ambos nos pasa. Un abrazo.

Sonia Caraballo
22 septiembre 2020 2:13 pm

Que rico conocer esta tradicion a traves de palabras que te trasladan a ese lugar, gracias por este escrito, está genial

Yoxelin Rivas Blanco
23 septiembre 2020 1:51 pm

Qué bueno saber que te trasladaste allí a vivir el fervor, abrazo.

Oriana
30 septiembre 2020 10:29 pm

Me transporté a Guatire! Que bonito Yoxe, cuentamos mas historias maravillosas como ésta.

Yoxelin Rivas
1 octubre 2020 11:24 am

Gracias mi bella, claro que sí, vienen más. Besos.

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